Dentro de mi corta experiencia, creía que el hombre se asombraba ante, solamente, una obra de arte de Miguel Ángel, Da Vinci, etc. Luego, descubrí las Vanguardias; noté que la gente puede apreciar belleza, no sólo en un arte objetivo, sino, también en un arte más subjetivo. Pronto, me enteré que la galería 291 de Stieglitzun presentó una famosa, no para mí, obra de Marcel Duchamp, “la fuente”, un urinario; cómo la gente encontraba belleza en objetos cotidianos, esa es la pregunta. Sin embargo, hasta ahora, nunca supe como se apreciaba la belleza en el oriente. No fue si no hasta leer el ensayo de Junichiro Tanizaki: “El elogio en la sombra” Especialmente, me fascinó como trabajó la idea de la belleza que detenta un oscuro y frío retrete japonés, pero dejaré este asunto para analizarlo más adelante.
Ese ensayo es un discurso que enaltece las virtudes de la sombra. Esas evocaciones que han sido olvidadas por los orientales, quienes sentían cierta sublimidad al guarecerse en un rincón oscuro, quizás, solo iluminado por luz de velas. Tenían una predilección por lo denso y pesado de ese ambiente creado por las sombras, las cuales hacían incrementar la sensación de sublimidad en ellos. Pero, ahora la tecnología creada por occidentales, quienes adoramos la iluminación, ha alumbrado todos los espacios sombríos del Japón y otros lugares que poseían esta costumbre, casi destruyendo ésta grandiosa tradición. Otro tema que toca el ensayo, es la dicotomía entre estas dos grandes corrientes culturales, como ya se mencionó, el oriente y el occidente, y la ventaja y poder en la evolución tecnológica del segundo sobre el primero.
Este ensayo está, primordialmente, dominado por Dionisio, el dios de lo irracional y onírico; cada análisis de cada objeto o área, los sentimientos se fugan de las hojas escritas y hacen que nuestra fantasía vuele por diversos lugares. El autor trata de mostrarnos los mismos sentimientos que el siente al experimentar las posibilidades de esa antigua tradición japonesa.
También, antes de analizar el ensayo, se debe mencionar que la traducción de alguna forma ayuda a ésta experiencia. Tanizaki se sirve de las palabras para crear, dentro de nuestra imaginación, escenas sublimes de los diferentes momentos donde la sombra predomina. En la traducción, los contenidos, pienso, deben haberse mantenido, porque aún así, he podido experimentar distintos grandiosas sensaciones durante mi lectura.
Actualmente, creo que en la mayor área poblada de la tierra la gente prefiere un ambiente claro y luminoso durante el día e incluso la noche. Tenemos una cierta afición a combinar los sentimientos y morales positivos a la luz, y lo negativo a la oscuridad. Tenemos miedo en un cuarto oscuro, los tabú se hacen a escondidas, en la sombra. Pero, lo bueno, lo correcto se hace a luz del día, o durante mucha iluminación, con la frente en alto.
Para analizar “El elogio en la sombra”, he decidido empezar por lo que más me ha impresionado: Los urinarios japoneses. Cinco páginas para hablar sobre ellos, nunca imaginé que una persona podría tomarse el tiempo y el espacio para escribir sobre urinarios, fue una experiencia nueva. Está bien, exagero, si debe haber personas que se dediquen a escribir sobre urinarios, sobretodo las personas que se dedican a construirlos y se especializan en ellos; pero, cinco páginas de la sublimidad sobre los materiales, el ambiente, la iluminación y el uso del inodoro, Antes de leer el ensayo, hubiera pensado que si alguien escribía sobre eso era porque estaba loco o estaba burlándose. Pero, luego me di cuenta que no tendría por que ser de esa manera; simplemente, con las palabras me imaginé esa sublimidad que las personas sentían al entrar dentro de esas cuatro paredes y sentarse a cumplir con sus necesidades.
Primero, Tanizaki nos introduce a la arquitectura de los retretes japoneses de la siguiente manera:
“Siempre que en algún monasterio de Kyoto o de Nara me indican el camino de los retretes, construidos a la manera de antaño, semioscuros y sin embargo de una limpieza meticulosa, experimento intensamente la extraordinaria calidad de la arquitectura japonesa.”
El ensayo muestra muchas características de la arquitectura japonesa, entonces, es necesario hablar también de los retretes, como probablemente en otros ensayos de arquitectura. Pero, este tiene algo de especial, el autor nos dice que experimenta intensamente una sensación dentro de esta zona, acaso, no contagia y sorprende al lector esa cita, especialmente al lector occidental. La palabra extraordinaria no está demás, te muestra una idealización que el autor quiere transmitir, una vivencia de la cual el está orgulloso, a pesar de ser un lugar donde tratamos de frecuentar lo menos posible, y además poco hablamos de las visitas que hacemos a estas áreas.
La limpieza meticulosa que menciona nos hace suponer que el retrete es una especie de paraíso, en realidad yo también busco esa pureza para ese tipo de zonas en la casa. Acerca de esto, ¿no llega a ser casi una enfermedad la limpieza excesiva? Entonces, la exageración nos lleva a una irracionalidad de la realidad, a veces un poco enfermiza, es para mí como una utopía.
Vemos como en este discurso lo apolíneo ha cedido el paso a la estética dionisiaca, quizás diga esto por mi forma de ver por mi cultura occidental y no haber crecido con esas tradiciones; pero, para mí la realidad donde hay un cierto equilibrio, ha sido quebrantada y se trata de ser y hacer algo más, mediante esos pequeños detalles.
El interés que me atrajo a esta parte del ensayo no se cuál sea, pero, como me llamó la atención y he decido trabajar las citas más importantes que he considerado, la siguiente sería:
“Un pabellón de té es un lugar encantador, lo admito, pero lo que sí está verdaderamente concebido para la paz del espíritu son los retretes del estilo japonés.”
Tengo mucho que decir y a la vez nada, es simplemente genial, que comparación, el salón de té es menos importante que el retrete japonés. Esta oración empieza de una forma muy racional con un toque pequeño de emotividad, es un lugar encantador, bueno nadie diría que no, hasta ahí todo perfecto, estuve consciente que así es la realidad, pero en ese instante la verdad cambia, y perdí el equilibrio mental, porque lo que sigue es algo sensacional. La paz espiritual, una iglesia, un altar, un monasterio, un templo, un monte e incluso una pirámide; eso es lo que yo esperaba, pero, aquí es donde la deidad dionisíaca explota y se presenta ante todos nosotros: los retretes. De manera inesperada, te crean una sensación de búsqueda de un por qué de la importancia de los baños en la espiritualidad.
Tengo una ligera sospecha de que hay alguna relación entre el hecho de evacuar los desechos materiales con la limpieza del alma. Es posible que los antiguos japoneses hayan llegado a esa conclusión también, y bueno, tiene lógica, sino por qué hacerle tanto ritual a sus desechos. Pero, es solo una conjetura que he deseado añadir, ya que, ese motivo se ve muy simple para la gran civilización pensante que tenía Japón; además, tenemos que tener en cuenta, y más adelante la desarrollaremos, la sombra en esta cultura.
La siguiente oración es donde, creo que, Tanizaki llego a un estado de sublimidad e intenta transmitirla hacia el lector:
“Siempre apartados del edificio principal, están emplazados al abrigo de un bosquecillo de donde nos llega un olor a verdor y a musgo; después de haber atravesado una galería cubierta, agachado en la penumbra, bañado por la suave luz del Shōji y absorto en tus ensoñaciones, al contemplar el espectáculo del jardín que se despliega desde la ventana, experimentas una emoción imposible de describir.”
Tengo la sensación que esta oración tiene un ritmo que va aumentando en su nivel de sublimidad de la nada al todo. Empieza ubicándonos en el espacio, luego, a la idea que nos crea le agrega un elemento, un bosque. Particularmente, a mí me creo una sensación de familiaridad, soy adorador de bosques. La siguiente imagen es el olor que provoca el bosque, una sensación a humedad y musgo. Simplemente, luego de leer eso, empiezo a caminar en mi imaginación, por ese lugar, lo reflexiono de tal manera que ha terminado de llover y el cielo es gris, y me siento como en casa, echado en mi cama escuchando la lluvia y los truenos, viendo mecerse los árboles.
Sin perderme del tema, el autor dice que tienes que pasar un lugar en penumbras, bañado por la suave luz del Shōji; aquí es donde se menciona el adorado elemento que el autor hace referencia en todo el ensayo, la sombra. Hasta este momento no hace referencia del día o de la noche, pero, la noche es el mejor momento, creo yo, para disfrutar y con una casi total oscuridad, solamente iluminado por la luz de la luna y el pequeño resplandor de las estrellas pertenecientes al cielo. Además, una luz tenue de las velas, mezclando el azul y el naranja. Una sensación de soledad placentera, quizás incluso se logre olvidar por un momento las necesidades que te urgen ir por ese camino. Acaso, no es preciosa la forma como el autor nos introduce a un objeto habitual y lo convierte en algo especial, de ensueño. Podemos sentir al dios Dionisio vagando libremente en estas frases.
Absorto en tus ensoñaciones, una emoción difícil de describir, creo que es aquí donde el autor llega a una sublimidad, probablemente cualquiera sentiría lo mismo si estaría sentado en un lugar observando un ambiente tan húmedo, oscuro, verde y natural, mientras hacen sus necesidades; yo creo que sentirían algo hermoso, no me estoy burlando, al contrario estoy tratando de llegar a crear una imagen de mí en ese lugar para poder experimentar de alguna forma esa sensación.
Me gustaría analizar cada detalle de ese ensayo, porque realmente el autor se ha esforzado por transmitir una infinidad de sensaciones. Pero trataré de hablar de los detalles que más me llamaron la atención. Otro de ellos, según mi punto de vista, es la exageración que en algunos momentos del ensayo usa. Por ejemplo:
“Aun a riesgo de repetirme, añadiré que cierto matiz de penumbra, una absoluta limpieza y un silencio tal que el zumbido de un mosquito pueda lastimar el oído son también indispensables.”
Dónde está la exageración. El zumbido de un mosquito puede ser molestoso, y malograría la esencia de esa armonía. Pero, ese no es el tema, ese ruido por más ruidoso que es no te lastimaría el oído. Por qué me molesto en recalcar esto, pues, de esto se sirve el autor para llegar a esas sublimidades, que, para mí es algo casi utópico, lo cual, es casi irrealizable, por lo menos, dentro de mi contexto. Es parte de la esencia Dionisiaca que encuentro dentro de este ensayo.
Estas exageraciones, a mi parecer, son muy necesarias para poder llegar lo más cerca al estado de sublimidad que quiere crear Tanizaki. Quizás usar metáforas, pueden ser una salida, pero la mejor es darle un valor agregado a lo que se busca. El significado va más allá de lo que es en realidad
La siguiente oración, realmente, me lleno de una sensación de alegría, nostalgia y otras más, lo explicaré luego de leerla:
“Cuando me encuentro en dicho lugar me complace escuchar una lluvia suave y regular… en aquellas construcciones… donde han colocado a ras del suelo unas aberturas estrechas y largas para echar los desperdicios, de manera que se puede oír, muy cerca, el apaciguante ruido de las gotas que, al caer del alero o de las hojas de los árboles, salpican el pie de las linternas de piedra y empapan el musgo de las losas antes de que las esponje el suelo.”
Primero, quiero aclarar que soy amante de la lluvia, debido a que, provengo de Cajamarca, donde, la lluvia es un espectáculo sublime para quien sabe apreciar. Entonces, cuando leo u oigo hablar de lluvia, caigo en un profundo sueño de imaginaciones y ensoñaciones que me alejan de la realidad. Amo la lluvia, y fue donde Tanizaki dio en el clavo, con la lluvia puedo sentir mucha sublimidad. El tiempo se vuelve denso y lento, el placer carnal se deja de lado para vivir en un mundo utópico, por unos segundo, bello, pero, utópico.
La humedad crea un ambiente de tranquilidad, un lugar hecho para descansar, para la relajación, entonces, esto puede estimular la evacuación de nuestros desechos. Un momento agrio se puede volver dulce. La tristeza se convierte en paz. Así, la humedad después de un aguacero puede provocar tales sensaciones en una persona. Y lo interesante de las palabras es, que solo una de ellas, te remite a un pasado de experiencias, te hace recordar tantas cosas, te hace perderte en ilusiones, y es así como nuestro autor selecciona unas palabras hermosas para transportarnos donde el quiera. Y refiriéndonos a las palabras, las mismas tienen una musicalidad, que quizás también debemos atribuirle los créditos al traductor, quien ha puesto de su parte. Esa musicalidad nos produce distintas sensaciones. Ya que, la música, en si misma, es una fuga de sentimientos y cada acorde crea una sensación distinta a la anterior. Es así que las palabras también tienen esa propiedad.
Espero, no estar siendo muy testarudo y obstinado al repetir tanto este tema de los retretes; pero, siento que es necesario hablar sobre ellos, porque fue lo que más sublimidad me causó. Los antiguos Japoneses pensaban siempre en la armonía que tiene su entorno, por eso, en los más mínimos detalles se preocupaban:
“… tales lugares armonizaban con el canto de los insectos, el gorjeo de los pájaros y las noches de luna…”
Un retrete es un espacio dentro de un hogar o un templo, por eso, pertenece a la creación artificial de los humanos, es un lugar ajeno a la naturaleza, pero aquellos hombres del pasado, imagino que deseaban eliminar esa distancia entre lo natural y lo artificial, creando construcciones que armonicen, lo más posible, con la naturaleza. Se ha intentado esconder nuestro progreso con la belleza de lo natural. La luz y el sonido, sus significados, son construcciones artificiales que asisten a esa labor de armonizar con nuestro contexto.
Si el elogio es la sombra, entonces, tenemos que imaginar una noche, sin tecnología eléctrica, donde brilla la luna e ilumina todos los alrededores, los insectos pájaros nocturnos nos brindan una sinfonía grandiosa, donde, lo artificial se pierde para convertirse en un elemento más de la naturaleza.
Pero, cuál es el rol del ser humano dentro de estas instalaciones. Yo creo que su rol por excelencia es el de conectarse con la naturaleza, dejar de lado su parte humana de la racionalidad y dejarse llevar por las distintas sensaciones que bombardean a su cuerpo, desde adentro y desde afuera. El hombre es un simple espectador que siente, y dependerá de su agilidad para sentir, que podrá disfrutar más. La sombra en los retretes japoneses es muy importante, porque ayuda a que el hombre quede como espectador. Lo oculta, lo camufla para disfrutar sensaciones que por derecho ya las ha perdido al alejarse demasiado de la naturaleza y acercarse hacia el progreso tecnológico.
Creo que hasta aquí llego con el tema de los retretes, porque sino, incluso a mi me empezará a atiborrar. Otro asunto, que a mi parecer es secundario, es la comparación que Tanizaki hace sobre la cultura Oriental con la Occidental. Durante todo el ensayo, el autor presenta estas comparaciones, de alguna manera necesarias, pero, incluso a veces es molestosa tanta comparación, es como si tuviera engendrado un odio hacia la cultura Occidental. Además, el ensayo principalmente está dirigido a las cualidades de la sombra para crear belleza en la cultura Oriental, entonces no debe de darle tanta importancia hacia esta, porque puede llegar a desviar la atención del tema. Por otra parte, ese parangón puede ser muy constructivo y provechoso, puede utilizarse para resaltar las cualidades de la arquitectura japonesa.
El autor presenta un ejemplo muy interesante e ilustrativo:
“He publicado hace poco en los Bungei-Shunju un artículo en el que compraba la estilográfica y el pincel; pues bien, supongamos que el inventor de la estilográfica hubiera sido un japonés o un chino de otra época. Es evidente que no habría dotado a su punta de una plumilla metálica sino de un pincel. Y que lo que habría intentado que bajara del depósito hasta las cerdas del pincel no sería tinta azul sino algún tipo de líquido parecido a la tinta china.”
Este fragmento del párrafo, me hubiera gustado plasmarlo todo, pero era muy amplio. Como podemos ver, el autor hace una comparación entre las dos herramientas para escribir entre las dos culturas. Luego va más allá y menciona que si el estilógrafo hubiera progresado, entonces, el papel que se usaría hubiera sido diferente, un papel análogo al papel japonés. Y luego, aún, va más allá y se aventura a decir que si estos tres elementos hubieran ganado la partida a sus semejantes occidentales, entonces los caracteres kana o ideogramas habrían gozado de un unánime y poderoso favor. Como podemos ver, y como lo menciona el autor, esto es un sueño por el cuál imagina como sería, si su cultura sería la hegemónica. Lo onírico prevalece en estas palabras, pero, la armonía, con la que debería de contar esta oración, no se encuentra ya que el dios Apolíneo ha sido olvidado por completo. A pesar de que se encuentra un individualismo, pero, es nada más que lo que escribe el autor y no el contenido.
“Los occidentales utilizan, incluso en la mesa, utensilios de plata, de acero, de níquel, que pulen hasta sacarles brillo, mientras que a nosotros nos horroriza todo lo que resplandece de esa manera.”
Al respecto de la sombra, crea unos ambientes densos y pesados, como creo yo, es lo que disfrutan estéticamente los japoneses; pero, realmente, me he puesto observar lugares y objetos alumbrados solamente con una vela y mis sensaciones y experiencias cambian radicalmente y realmente se siente sublimidad y se ve belleza ante esos colores anaranjados, marrones y amarillos. Mas, regresando a la frase, algunas palabras pueden resaltar la idea, o la forma de captar, una frase. Por ejemplo, pienso que la palabra “horroriza” en la frase anterior le da un gran peso a toda la oración, es el punto donde explota el sentido, pero, no por eso pueda crear sublimidad.
Sin desviarme del tema, y regresando al sentido de la oración, podemos ver la afanosa manía de los japoneses para amar lo profundo, intenso y pesado, como características de un objeto. Más adelante menciona, que los utensilios en general, cuando envejecen, adquieren cierta elegancia; en el caso del Occidente, solo se vuelven inservibles y se arrojan a la basura.
Finalmente, hablaré del tema, no que más me llamó la atención, sino el que más me gusta: la comida. Empezaré por una frase que habla sobre la ambientación que se necesita para poder disfrutar al cien por ciento la comida:
“…si la cocina japonesa se sirve en un lugar demasiado iluminado, en un vajilla predominantemente blanca, pierde la mitad de su atractivo.”
Aquí se nota claramente la afición hacia lo sombrío y oscuro, pues, realmente leer todo esto me causa, una cierta inquietud e interés de pasar por esta experiencia. Primero, generalizando un poco, Tanizaki crea una mejor armonía entre Dionisio y Apolíneo en la comida, por lo menos, yo lo siento así, ya que, mi afición por la comida no ve extraño nada de estas costumbres, al contrario, trata de experimentar cualquier experiencia culinaria, con todos sus atractivos alrededor de ella, como es el caso de la sombra en la comida japonesa. Encontramos la razón unida a los sentimientos y percepciones. Tenemos un lugar demasiado a gusto, debido a la ambientación de la oscuridad, sentimos tranquilidad, y a la vez estamos llenos de experiencias tan agradables que nos alejan de la racionalidad.
Ahora, continuando con esta frase, encontramos que la comida japonesa está especialmente diseñada para un solo tipo de ambientes, la oscuridad, y no para la luz. Esto me causó una gran felicidad, aquí encontré una señal del afán del hombre por encontrar esas armonías del mundo, es algo extraño pero grandioso, difícil de explicar.
Luego da un ejemplo con la sopa roja de miso, que a mi parecer produce un momento de admiración a esta mezcla de sentidos, gusto y vista:
“Un día en que me habían invitado a una reunión de té, me ofrecieron miso y al ver a la luz difusa de las velas aquella sopa cenagosa, color arcilla que siempre había tomado sin prestar atención, estancada en el fondo del cuenco de laca negra, descubrí de repente que tenía una profundidad real y un tono de lo más apetitoso.”
Una frase donde el dios Apolíneo somete a Dionisio al exilio. Entendemos muy bien la esencia de la belleza japonesa. Está escondida, como una nota con caracteres secretos, y solo unas personas pueden descifrarlos. Bien, para descifrar la belleza, se necesita de un medio, de una cierta oscuridad que proporcione las condiciones para que nuestros sentidos y nosotros mismos sintamos sublimidad. Las últimas tres líneas proporcionan ese secreto, me produjo envidia, envidia de no poder disfrutar del miso, en un lugar, todo hecho de madera, con el ruido de la lluvia golpeando el piso y el techo, unas velas alumbrando una oscuridad profunda.
Y yo dentro de ese cuarto antes de probar esas delicias, mientras mis ojos se complacen con la belleza de los colores brillantes, la trasparencia del líquido y los vidrios, la densidad de los objetos pesados. Es así como llegaría al éxtasis, pero siento que no podría, tengo una concentración que se evapora muy rápido, y no me dejaría llorar de felicidad con esas utopías en la tierra japonesa. Que desgracia.
Como he repetido algunas veces, la forma de escribir, los adjetivos que usan son los que ayudan a producir las sensaciones y a peregrinar por nuestro delirio. Luz difusa, sopa cenagosa (y roja), laca negra, etc. te imaginas todo eso como una foto, un cuadro o la realidad, solo con unas palabras, y luego llega un momento que simplemente pierdes el control de ti y te quedas encerrado en ese cuarto observando a tu alrededor, o simplemente mirando a un objeto, o imaginándote el olor de la comida, viendo los diferentes colores creados por la llama, las sombras que se mueven al ritmo del suave viento que anima la flama. En cada momento, el paisaje es diferente, las sombras no son las mismas y las sensaciones son infinitas. Es así como me dejo llevar por las palabras, y pierdo concentración con el texto, pero gano concentración en mi mente dispersa.
Finalmente, quiero decir, que al hablar de la sombra como algo tan preciado para la cultura oriental, es realmente hablar de su pasado. La capacidad que tenemos para captar esas bellezas aún permanece en nosotros, pero el apego que teníamos hacia ella se ha perdido. Ahora tenemos una afición a la tecnología, a la vida fácil y rápida, no nos detenemos a apreciar la belleza que nos rodea. Hay una cierta cantidad de costumbres, objetos y otras cosas más que se pueden recuperar y aprender de nuestros antepasados. Quizá nos pueden dar una nueva perspectiva de todo lo que nos rodea, ya sea materia viva o muerta. La belleza en la sombra es algo que estuvo desde el inicio, siempre hubo oscuridad y la luz es la que se impone sobre ella para crear nuevas posibilidades, desde la vida hasta la más insignificante acción.
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