Vamos al puente colgante, tía. Así, empieza el paseo hacia el río. En ese momento, seguía siendo yo; disfrutando aquellos paseos realizados con algunos familiares. Caminatas diurnas por los valles y montañas, visitas a los lagos y los bosques de Cajamarca. Aunque, aquel día fue muy diferente. Andamos por la ladera hasta llegar a un plano con muchos árboles, en medio un camino de herradura transitado por la gente del lugar. Adultos con sus hijos y algún animal, como caballos, burros, toros y perros.
El río a un costado del camino viaja perdiéndose en la esquina de la fosa del diablo. Antes de ese lugar, se encontraba el puente colgante, pero, esta vez me di con la sorpresa que ahora es un puente muy estable, de metal. El tiempo que permanecimos no es importante, pero ya el ocaso se presentaba con una hermosa mezcla de colores y decidimos regresar.
Ya después de cenar algo, decidimos pasear por las calles solitarias de aquel pueblo. Magnifica noche, la luz era casi indetectables por momentos, se podía disfrutar algo del cielo, pero el clima no favorecía lo suficiente como para quedar extasiados. Luego de haber vagado unos diez minutos, empecé a fastidiar a mi tía, le pedía que nos narre algunas historias, ella es muy buena en eso. Es aquí, donde mi vida da un giro sin saber hacia donde; pero, yo se que ya no es la misma. Cuente una historia de ovnis, tía. Y ella me respondió que por qué mejor no mirara al cielo a ver si veía uno. Una sonrisa malévola me acompaño mientras mi cabeza se enfocaba en el cielo. Miren al cielo, qué carajo es eso. Muchas luces en el cielo se movían con gran rapidez, aparecían y desaparecían. El espectáculo duro algunos minutos; pero, ese sentimiento difícil de explicar poco se olvidará.
Yo.
El río a un costado del camino viaja perdiéndose en la esquina de la fosa del diablo. Antes de ese lugar, se encontraba el puente colgante, pero, esta vez me di con la sorpresa que ahora es un puente muy estable, de metal. El tiempo que permanecimos no es importante, pero ya el ocaso se presentaba con una hermosa mezcla de colores y decidimos regresar.
Ya después de cenar algo, decidimos pasear por las calles solitarias de aquel pueblo. Magnifica noche, la luz era casi indetectables por momentos, se podía disfrutar algo del cielo, pero el clima no favorecía lo suficiente como para quedar extasiados. Luego de haber vagado unos diez minutos, empecé a fastidiar a mi tía, le pedía que nos narre algunas historias, ella es muy buena en eso. Es aquí, donde mi vida da un giro sin saber hacia donde; pero, yo se que ya no es la misma. Cuente una historia de ovnis, tía. Y ella me respondió que por qué mejor no mirara al cielo a ver si veía uno. Una sonrisa malévola me acompaño mientras mi cabeza se enfocaba en el cielo. Miren al cielo, qué carajo es eso. Muchas luces en el cielo se movían con gran rapidez, aparecían y desaparecían. El espectáculo duro algunos minutos; pero, ese sentimiento difícil de explicar poco se olvidará.
Yo.
La historia que cuentas es genial porque logra que me sumerja en el mundo que relatas...además, se encuentra alejada de la ficción ya q guarda verosimilitud cn nuestra realidad.Por ello me parece importante q todos nos involucremos cn otras realidades como; por ejemplo, Cajamarca donde hay una predominancia de la creencia en mitos de los alrededores :)!
ResponderSuprimirJoder Tío!, esta historia sí que me ha gustado, ( lo que significa que las otras las leí muy rapido ) , :P
ResponderSuprimirYo estuve en Cajamarca Para Carnavales, y sí que fue una experiencia distinta y muy divertida, Es más no me extrañaría que bajo los cielos estrellados de San Marcos o de Celendín, se descubriece de vez en cuando algún luminoso pretexto para contar una buena historia.
Saludos Christian
Y Saludos a todos mis amigos Cajamarquinos.