martes, 10 de noviembre de 2009

Volar...


Aquel día, dormía placidamente cuando mi perro me despertó. Subí a mi azotea y me dirigí hacia el cielo. Qué tan alto, no lo sé. Cuánto tiempo, no lo sé. Pero, regresé canoso y arrugado de mi sublime experiencia. Mi perro se perdió en el cielo. Solo pude conservar estas fotos. El mar y el mar, así las nombre. Pude ver como algunas civilizaciones se sumergían y otras se elevaban casí hasta donde yo me encontraban; pero, no tan alto. Nunca me cansé, solo extrañe.
Yo. y mi perro.

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