domingo, 27 de diciembre de 2009

Mi estomago

Tú, quien eres mi estómago, me engendras un silencioso desconsuelo. A mi pesar, te doy de beber con mis mejores brebajes y néctares. A mi pesar, te doy de alimento las mejores bayas y las más jugosas frutas.
Tú, quien eres mi estómago, me engendras un inconsolable sufrimiento. He asesinado al más carnoso cerdo, lo he cocinado con las más sabrosas especies, te lo he servido en fuente de oro con incrustaciones de diamantes y te has alimentado con la carne más suave sin hueso alguno.
Tu gracia destruye mi garganta con fuegos candentes y apasionados. Luego no quedo yo, solo la ceniza, que, como un fénix renazco por la predilección que tengo hacia ti.
Desde hoy, harina y agua serán tus manjares, oh prodigiosa, única amada, en secreto en un mundo de pecados castigados.
Llegue a darte prioridad por una noche, y demás ya no.
Yo.

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